Equipo LullaRevisamos la literatura pediátrica actual y la sintetizamos en un lenguaje accesible para padres.
Regresiones del sueño: la regresión del sueño de 4 meses

Dormía seis horas seguidas. Lleva tres noches despertándose cada dos. No has cambiado nada — ni la hora, ni la rutina, ni la habitación. Tiene cuatro meses.
Esa es la única regresión del sueño que de verdad merece el nombre. Las otras siete edades para las que los padres buscan «regresiones del sueño» son cosas distintas metidas bajo la misma etiqueta, y la diferencia no es académica: en algunas tienes que mover el horario, en otras lo que hay que hacer es precisamente no tocarlo. Esta guía las separa, con las mismas cifras de referencia que usan nuestras páginas por edades.
Qué pasa, de verdad, a los 4 meses
En los primeros meses, un bebé tiene prácticamente dos estados de sueño — uno activo y uno tranquilo — más tramos que no se parecen claramente a ninguno de los dos. Hacia los tres o cuatro meses, el sueño se reorganiza en las fases que tiene también un adulto, con transiciones claras entre ellas. Un estudio polisomnográfico a domicilio siguió a 15 niños a los 3, 6, 9, 12, 18 y 24 meses. No puede fijar el mes en el que ocurre la reorganización — el primer registro es a los 3 meses y el siguiente a los 6 — pero sí muestra lo que pasa de ahí en adelante: el sueño REM baja de forma continua y las fases superficiales aumentan.
La consecuencia práctica es una sola. Después del cambio, el niño sale a la superficie entre un ciclo y otro varias veces por noche, casi despierto. Si sabe volver a dormirse solo, no lo oyes. Si no, te llama — cada vez.
Se ve también en las cifras: a los 4 meses, el número de siestas baja de cuatro a tres o cuatro, la ventana de sueño crece de 1 h 15 min – 1 h 45 min a 1 h 30 min – 2 h, y la noche se alarga de 9–10 h a 10–11 h. El horario que funcionaba a los tres meses ya no puede funcionar a los cuatro.
Es la única de todas que no es una fase. Las noches malas pasan; la reorganización del sueño no se deshace — es una etapa de maduración del cerebro, no un periodo del que el niño sale. Y tampoco se detiene ahí: el sueño sigue madurando un par de años más, con el REM bajando poco a poco todo ese tiempo. Por eso aquí «que pase solo» tiene un sentido concreto: pasan las noches malas, no las salidas a la superficie entre un ciclo y otro. Lo que llega con la edad, en muchos niños incluso sin ningún método, es volver a dormirse solo después de ellas.
Las señales, en el orden en el que suelen aparecer
No todas aparecen en cada niño, pero el patrón se reconoce:
- Las siestas del día se acortan a 30–40 minutos. Se terminan en la primera salida a la superficie entre ciclos, antes de que se enganche el segundo. Suele ser la primera señal y aparece unos días antes que las noches.
- Los despertares de la noche se vuelven regulares, no aleatorios. Cada dos horas, después cada hora y media — no a horas distintas cada noche.
- Se resiste a acostarse, aunque está claramente cansado. Se revuelve en la cuna a la hora a la que antes se dormía en tres minutos.
- Vuelve a pedir algo que ya no necesitaba. Los brazos, el pecho, el balanceo — las condiciones con las que se dormía hace un mes.
- Está despierto y sociable a las tres de la madrugada. No llora; sonríe, balbucea, quiere jugar. Es la señal más desconcertante y es normal.
Lo que no es señal de regresión: la fiebre, la nariz tapada, los cambios en las heces, la piel irritada. Si aparece cualquiera de ellas, la causa es probablemente física, y el horario no tiene ninguna culpa.
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«Regresiones del sueño»: un nombre para tres cosas distintas
Tomamos las ocho edades para las que los padres buscan «regresión» y las comparamos con el mes anterior, en las cifras de referencia. El resultado parte la lista en tres, y no como te lo esperarías.
1. El horario se quedó atrás — 3, 4 y 8 meses
Aquí cambia la estructura: baja el número de siestas de los intervalos de referencia, y la ventana de sueño se mueve con él. A los 3 meses desaparece una siesta del día de ejemplo. A los 4 meses se abre el intervalo, 4 → 3–4 siestas, y la cuarta siesta cae de verdad hacia los 5 meses; a los 8 meses se cierra al revés, 2–3 → 2, después de que el día de ejemplo ya hubiera pasado a dos siestas, a los 7 meses. El niño no se estropeó; su horario caducó. Si mantienes el horario viejo, tienes un niño sobrecansado encima de un cambio biológico — o sea, exactamente las noches que estás describiendo. Lo que funciona: mueves el horario, no lo defiendes.
2. Solo se mueve el intervalo — 6, 12 y 18 meses
El número de siestas del intervalo de referencia se queda igual, pero las tres edades no piden lo mismo. A los 6 y a los 18 meses se ensancha la ventana de sueño media hora, y solo por el extremo de arriba: el niño puede estar despierto más tiempo, no tiene que estarlo. A los 12 meses no se mueve ninguna ventana — baja la necesidad total de sueño por 24 horas, de 12–15 h a 11–14 h, y ahí el ajuste es al revés: quitas sueño, normalmente del día, no añades vigilia. Lo que funciona: ajustas poco a poco y dejas el resto en paz. Dos aclaraciones. A los 6 meses las cifras no se mueven, pero ese mes es el comienzo del paso de tres siestas a dos — la tercera siesta se va del día de ejemplo hacia los 7 meses, así que ajustas la ventana y dejas que la transición se asiente a su ritmo, sin recortar nada. A los 18 meses el intervalo es lo único que se mueve en las cifras; lo que se mueve en la realidad es su voluntad — la ventana la ensanchas y te paras ahí, el resto se resuelve con pocos límites, claros y siempre los mismos.
3. No se mueve nada — 9 meses y 2 años
A estas edades las cifras de referencia son idénticas a las del mes anterior. Si aun así el sueño se rompió, la causa no está en el horario — está en el niño: se pone de pie y practica toda la noche, te extraña cuando sales de la habitación, o descubrió que puede pedir otro cuento. Lo que funciona: empiezas por esa causa, no por el horario. Revisa el horario una vez, de todos modos — puede haberse deslizado solo en las últimas semanas, y a los 10 meses el extremo de abajo de la ventana de sueño sube igualmente, de 2 h 30 min a 3 h, así que un niño de 9 meses que ya llegó al borde del intervalo lo pide un mes antes. Pero si el horario está bien, no lo cambies solo por hacer algo: a estas edades es el error más frecuente.
¿Entonces «la regresión de los 12 meses» y «la de los 2 años» existen o no?
La pregunta merece una respuesta directa, porque las dos tienen nombre propio y ninguna es una regresión en el sentido de la de los 4 meses.
A los 12 meses pasa algo real, pero es aritmética, no neurología: la necesidad total baja de 12–15 h a 11–14 h, la primera bajada después del mes 4. Si mantienes el horario viejo, lo que sobra se va a la siesta del día y la noche se adelgaza — se ve exactamente como una regresión, pero es un horario al que le sobra media hora. A los 2 años ni eso: los intervalos son idénticos a los del mes anterior. Lo que cambia a esa edad es el niño — lenguaje, imaginación, poner a prueba los límites — no su necesidad de sueño.
No quiere decir que no te duela. Quiere decir solo que la respuesta es otra: a los 12 meses ajustas, a los 2 años mantienes el límite.
La tabla, edad por edad
Cada fila lleva a la página de ese mes, con el horario completo del día. «Cómo se le llama» es el término con el que se busca esa edad, no un veredicto de que sea una regresión. «Qué se mueve» señala el cambio más importante respecto al mes anterior, no todos. Y una aclaración que cambia lo que puedes leer en la tabla: esos intervalos no son medidas de tu hijo, son las recomendaciones publicadas para tramos de edad amplios, repartidas por nosotros mes a mes. Tienen, por tanto, resolución de un mes. «Nada» quiere decir que a esa resolución no vemos una diferencia — no que a tu hijo no le pase nada.
| Edad | Cómo se le llama | Qué se mueve | Qué haces |
|---|---|---|---|
| 3 meses | regresión del sueño 3 meses | 4–5 → 4 siestas | Mueve el horario |
| 4 meses | regresión 4 meses | 4 → 3–4 siestas | Mueve el horario |
| 6 meses | regresión del sueño 6 meses | 2 h–2 h 30 → 2 h–3 h | Ajusta poco a poco |
| 8 meses | regresión sueño 8 meses | 2–3 → 2 siestas | Mueve el horario |
| 9 meses | regresión del sueño 9 meses | Nada | No toques el horario |
| 12 meses | regresión sueño 12 meses | 12–15 h → 11–14 h | Ajusta poco a poco |
| 18 meses | regresión sueño 18 meses | 4 h–5 h → 4 h–5 h 30 | Ajusta poco a poco |
| 2 años | regresión del sueño de los 2 años | Nada | No toques el horario |
8 y 9 meses son dos cosas distintas, aunque se busquen igual. A los 8 meses se asienta en dos siestas y la ventana se alarga — o sea, el horario sí cambia. «Definitivo» sería demasiado: ese arreglo dura hasta cerca de los 13 meses. A los 9 meses las cifras son idénticas a las del mes anterior: lo que queda es la parte de comportamiento, ponerse de pie y la ansiedad por separación. La misma «regresión de los 8 a los 10 meses» pide, entonces, cosas distintas en el mes 8 y en el mes 9.
Otras dos cosas que cuesta ver desde una sola fila. A los 3 meses se mueve el horario, no cambia el niño — y casi nadie busca eso: ahí desaparece una siesta del día de ejemplo y la ventana crece, es decir, justo el patrón de horario de los 4 meses, un mes antes. Lo que falta es la parte que convierte el mes 4 en una regresión: el cambio de arquitectura del sueño. Y «la regresión de los 12 meses» no es, en realidad, de los 12 meses: lo que pasa a esa edad es que baja la necesidad total de sueño, y a partir de los 13 meses viene el paso de dos siestas a una, que en algunos niños se estira hasta cerca de los 18 meses — la transición más larga de los dos primeros años. Mucha gente mete las dos cosas en «la regresión del año».
Cuánto dura
«De dos a seis semanas» es la cifra que circula, y vale la pena decir de dónde viene: no de un estudio. «Regresión del sueño» no es un término de la literatura médica — la expresión no aparece en ningún título ni resumen indexado en PubMed — así que nadie le ha cronometrado nunca la duración, ni en diez días ni en ocho semanas. Lo que sí se puede comprobar va justo en sentido contrario: en conjunto, los despertares de la noche bajan en el primer medio año, no suben, y la consolidación más rápida del sueño es entre el mes 1 y el mes 4. Un empeoramiento que se estire durante meses no es, por tanto, el patrón habitual — pero cuánto va a durar en tu hijo no te lo puede decir nadie por adelantado.
La pregunta está mal planteada, eso sí, para la de los 4 meses. Ahí no esperas a que pase una fase — esperas a que un niño aprenda una habilidad nueva en un mundo que cambió por debajo de él. Lo que se termina son las noches horribles. Que salga a la superficie entre ciclos se queda para siempre; lo que cambia, poco a poco, es la frecuencia con la que vuelve a dormirse solo sin que te enteres. En un estudio con grabaciones nocturnas, a los 12 meses la mitad de los niños todavía necesitaba a uno de sus padres para volver a dormirse.
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Cómo distingues una regresión de otra cosa
Tres señales juntas, y las tres tienen que ser ciertas:
- Empezó de golpe, de una noche a la otra, no se fue degradando poco a poco. Una degradación lenta es casi siempre un horario que se quedó atrás, no una regresión.
- No hay un segundo síntoma. Sin fiebre, sin nariz tapada, sin cambios en las heces, sin piel irritada. Si lo hay, la causa es probablemente física y no se arregla con el horario.
- Encaja con algo de ese mes. Si las noches se rompieron a una edad que no está en la tabla de más arriba, mira primero las transiciones de siestas: a los 13–15 meses empieza el paso de dos siestas a una, y eso explica por sí solo la mayoría de «las regresiones del año y pico». Una «regresión» a los 17, a los 20 o a los 22 meses no está en ninguna tabla — ni en la nuestra, ni en la lista de edades que repite todo el mundo. Y, para ser exactos: «regresión del sueño» no es un término de la literatura médica, así que ninguna de las edades de esas listas está «confirmada científicamente». Lo que sí se puede comprobar es si las cifras de referencia se mueven o no a esa edad.
Si una de las tres no encaja, el triaje en tres preguntas te lleva a la causa real más rápido que cualquier artículo sobre regresiones.
Qué funciona y qué empeora las cosas
- Mantén la rutina, exactamente la misma, aunque parezca inútil. En las semanas en las que nada funciona, lo único que sigue siendo previsible para el niño es el orden de los pasos de la noche. La rutina funciona por repetición y por ese mismo orden, no por lo elaborada que sea.
- Acuéstalo más temprano, no más tarde — con una excepción. Cuando el niño está en déficit, y un niño en regresión normalmente lo está, acostarlo 20–30 minutos más temprano es el ajuste que menos pide y más cambia. La excepción es el niño que ya acumula por encima del extremo de arriba del intervalo de 24 horas — a los 12 meses, por ejemplo, donde baja la necesidad total: ahí el sueño que le ofreces de más no se convierte en sueño dormido, sino en horas despierto en la cuna.
- No recortes el sueño del día. «Que llegue más cansado a la noche» es el consejo que más veces alarga una regresión: tienes un niño sobrecansado, que se duerme peor y se despierta más veces.
- No introduzcas hábitos nuevos que después vas a tener que quitar. El balanceo hasta que se duerme, el biberón en cada despertar, pasarlo a tu cama — todos funcionan esta noche y todos se convierten en el problema del mes que viene. Si los usas para sobrevivir una semana, úsalos a conciencia y poco tiempo.
- No cambies una cosa distinta cada noche. Dale tres o cuatro días a un cambio antes de juzgarlo. Si no, dentro de una semana no vas a poder saber qué ayudó.
Cuándo empiezas a enseñarle a dormirse solo, y cuándo no
La regresión de los 4 meses es, al mismo tiempo, el momento en el que la habilidad de dormirse solo empieza a ser útil, y la peor semana para enseñarla. Las dos cosas no se contradicen: se resuelven por orden.
En medio de las peores noches no empiezas nada nuevo. Esperas a que el pico se calme y tienes en cuenta la edad: a partir de los 4 meses puedes ponerlo en la cuna somnoliento pero despierto, aunque ninguna de las guías que leímos recomienda el llanto controlado ni la extinción antes de los 6 meses. El método Estivill, los demás métodos para que se duerma solo y lo que mostraron los estudios sobre cada uno tienen una guía aparte.
En las otras edades de la tabla no hay una regla demostrada. Los estudios aleatorizados más grandes sobre métodos incluyeron justamente bebés de 6–8 meses, y en uno de Israel, con niños de 9–18 meses, los que tenían mucha ansiedad de separación respondieron mejor con el padre o la madre en la habitación que con las comprobaciones. Si quieres probar un método, elige uno que puedas mantener hasta el final.
Cómo te ayuda Lulla
Una regresión se reconoce por comparación, no de memoria: esta semana frente a las anteriores. Lulla apunta cada sueño y te muestra cómo eran las noches hace dos semanas, cuando todo iba bien — a qué hora se dormía, cuántas veces se despertaba, cuánto acumulaba por 24 horas. Así ves si se rompió algo de golpe o si el horario se viene deslizando desde hace un mes, que es un problema completamente distinto. El Sleep Score baja temporalmente; eso es normal, y su recuperación es la primera señal de que ya saliste. Si quieres las cifras en papel, el pdf gratuito por edades reúne el sueño total, la ventana de sueño y el número de siestas por grupos de edad, y la página de cada mes tiene el día de ejemplo completo, con horas.
Para que quede claro: el intervalo de sueño por 24 horas al que remite el artículo (12–15 h entre los 4 y los 11 meses, 11–14 h entre el año y los 2 años) es el de la National Sleep Foundation. La Academia Americana de Medicina del Sueño, cuya recomendación asume la Academia Americana de Pediatría, da 12–16 h entre los 4 y los 12 meses y no formula recomendaciones para bebés de menos de 4 meses. Los intervalos de sueño de la noche, las ventanas de sueño y el número de siestas, mes a mes, son las cifras de referencia de Lulla, interpoladas entre los tramos publicados para que exista una página por cada mes — no recomendaciones de estas organizaciones. El artículo es informativo, no un consejo médico. Ante cualquier preocupación por el sueño, la respiración o el crecimiento de tu hijo, el pediatra sigue siendo la primera persona a la que acudir: es quien tiene el historial completo.

El horario de sueño de tu bebé, por edad
El horario de sueño de tu bebé, por edad
Una sola tabla con todo lo que importa: sueño total por 24h, ventanas de vigilia y número de siestas, del recién nacido a los 3 años. El sueño total sigue las recomendaciones de la National Sleep Foundation.
Fuentes y referencias
Este artículo se basa en directrices oficiales y estudios revisados por pares. Verifica las fuentes directamente:
- Louis J, Cannard C, Bastuji H, Challamel MJ. Sleep ontogenesis revisited: a longitudinal 24-hour home polygraphic study on 15 normal infants during the first two years of life. Sleep. 1997;20(5):323–333.
- Iglowstein I, Jenni OG, Molinari L, Largo RH. Sleep duration from infancy to adolescence: reference values and generational trends. Pediatrics. 2003;111(2):302–307.
- Galland BC, Taylor BJ, Elder DE, Herbison P. Normal sleep patterns in infants and children: a systematic review of observational studies. Sleep Medicine Reviews. 2012;16(3):213–222.
- Paruthi S, Brooks LJ, D’Ambrosio C, Hall WA, Kotagal S, et al. Recommended Amount of Sleep for Pediatric Populations: A Consensus Statement of the American Academy of Sleep Medicine. J Clin Sleep Med. 2016;12(6):785–786.
- Hirshkowitz M, Whiton K, Albert SM, Alessi C, Bruni O, et al. National Sleep Foundation’s sleep time duration recommendations: methodology and results summary. Sleep Health. 2015;1(1):40–43.
- Dias CC, Figueiredo B, Rocha M, Field T. Reference values and changes in infant sleep-wake behaviour during the first 12 months of life: a systematic review. J Sleep Res. 2018;27(5):e12654.
- Henderson JM, France KG, Owens JL, Blampied NM. Sleeping through the night: the consolidation of self-regulated sleep across the first year of life. Pediatrics. 2010;126(5):e1081–e1087.
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