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GuíaActualizado

Equipo LullaRevisamos la literatura pediátrica actual y la sintetizamos en un lenguaje accesible para padres.

Ruido blanco para bebés: qué está probado, qué volumen y cuánto tiempo

Ruido blanco para bebés: qué está probado, qué volumen y cuánto tiempo

Son las once de la noche. El móvil está en la estantería junto a la cuna, con el ruido blanco puesto, y así va a seguir hasta la mañana. Si tú también lo haces así, no estás solo: en una encuesta publicada en 2026, en una clínica de otorrinolaringología pediátrica de Estados Unidos, el 59% de los padres de niños de hasta ocho años usaban ruido blanco, y el 91% de ellos lo dejaban puesto toda la noche, de media casi diez horas al día.

Justo esa parte — toda la noche, en casa, con un bebé sano — no la ha probado nadie en un estudio controlado. Lo que se ha medido es otra cosa, y conviene saberlo antes de elegir el volumen: un estudio controlado con recién nacidos, que los observó durante cinco minutos, y dos series de mediciones de aparatos y aplicaciones, que muestran lo fuerte que pueden sonar. Aquí abajo están todos, con sus cifras y con lo que no dicen.

La respuesta corta: el ruido blanco (o «sonido blanco», como lo llaman muchos) ayudó a los recién nacidos a dormirse más rápido. En el estudio aleatorizado de 1990, con recién nacidos sanos, a los cinco minutos dormían el 80% de los que tenían ruido y el 25% de los que no. Que les haga dormir más por la noche no está probado. Si lo usas: fuera de la cuna, empezando por el volumen mínimo, por debajo de 50 dBA a la altura de la cabeza del bebé y apagado cuando se duerma; si lo dejas toda la noche, al volumen más bajo que cumpla su función.

Lo que está probado: dormirse, en pocos minutos

En 1990, en un hospital de Londres, 40 recién nacidos sanos, de entre dos y siete días, se repartieron por sorteo en dos grupos. En la cuna de los del primer grupo se encendió un aparato de ruido blanco; los demás se quedaron en silencio. A los cinco minutos dormían 16 de 20 con ruido (80%) y 5 de 20 sin él (25%).

El resultado es real y se cita en todas partes. Merece la pena leer también el resto del estudio:

  • Midió si se dormían, no cómo dormían. Solo se anotó si el bebé estaba dormido a los cinco minutos. Cuánto durmió después, cuántas veces se despertó, cómo fue la noche: nada de eso.
  • El aparato se apagaba solo al cabo de unos cuatro minutos y medio. Lo que el estudio probó, en realidad, fue un sonido corto, no uno puesto toda la noche.
  • Sonaba fuerte y estaba cerca. El aparato estaba dentro de la cuna, a 30–50 cm de la cabeza del bebé, y a 30 cm medía 72,5 dB durante los primeros 30 segundos y después 67 dB. Justo lo que las recomendaciones actuales dicen que no hagas, y muy por encima del objetivo de 50 decibelios del que se habla más abajo.
  • Solo funcionó con los bebés que no tenían hambre. Los autores lo dicen de forma explícita. El sonido no sustituye a la toma.
  • Un solo observador, que sabía en qué grupo estaba cada bebé, decidió quién dormía. Y en 36 años nadie ha repetido el experimento de la misma forma, ni con resultado positivo ni negativo.

Estudios más antiguos, de los años 60 y 70, encontraron lo mismo a corto plazo: un sonido continuo calma a un recién nacido más que el silencio. De ellos importan hoy dos detalles. El primero: los latidos del corazón no tenían nada especial. No funcionaron mejor que un metrónomo o que las nanas, y un ritmo parecido al pulso de su propia madre no los calmó más que uno distinto. El segundo: el efecto aumentaba con el volumen. Un sonido más fuerte calmaba más.

De ahí sale un problema del que se habla poco: el efecto se vio a volúmenes más altos que los que se consideran prudentes, y a volumen prudente nadie lo ha medido en bebés sanos. Eso no quiere decir que un sonido bajo no ayude. Quiere decir que no lo sabemos.

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Lo que no está probado: el sueño de toda la noche

Buscamos los estudios que han probado el ruido blanco en casa, con bebés sanos, durante noches enteras. Ningún estudio controlado lo ha probado por separado. Lo más parecido es una serie de cuatro niños de un año que se resistían a acostarse y se despertaban por la noche: ruido blanco a 75 dB, encendido al acostarlos y puesto toda la noche, tras lo cual tres de ellos durmieron mejor. Sin grupo de comparación, con datos anotados por los padres y a un volumen muy por encima del objetivo de 50 decibelios. Otros tres estudios, aleatorizados, lo metieron en un paquete de técnicas, junto a envolver al bebé, mecerlo, el «shh» o el chupete:

  • En Estados Unidos, 51 madres de recién nacidos sanos recibieron o bien un vídeo con las técnicas, o bien uno sobre los cuidados habituales; 35 terminaron el estudio. A las 6 y a las 12 semanas no hubo ninguna diferencia, ni en el llanto ni en el sueño.
  • En Turquía, 42 madres aprendieron las técnicas en persona, en casa. Sus bebés tuvieron menos despertares y más sueño, pero según lo que contaron las propias madres, y las del grupo de intervención sabían que habían recibido la formación.
  • También en Turquía, 84 madres primerizas recibieron en la maternidad una formación para calmar al bebé, con una manta para envolverlo y un juguete de sueño que emite ruido blanco. Sus bebés durmieron más y lloraron menos, pero el sueño era solo un resultado secundario de un estudio sobre las madres.

Las cifras grandes que circulan, como «dos horas más de sueño» o «tres horas más», salen casi todas de los cuidados intensivos neonatales: prematuros en incubadora, algunos conectados a un respirador, en una unidad cuyo ruido de fondo no tiene nada que ver con tu dormitorio. No se pueden trasladar a casa. Una revisión sistemática de 2021, con todas las edades, clasificó la calidad de la evidencia de que el ruido continuo mejora el sueño como «muy baja».

En el cólico, el único estudio aleatorizado comparó el ruido blanco con mecer al bebé, en 40 bebés de un mes, en Turquía. El llanto bajó a la mitad con las dos cosas, y el ruido blanco salió algo mejor: 8–11 minutos menos de llanto al día. Solo que no hubo un grupo que no recibiera nada, y los bebés entraron en el estudio después de una semana con casi cinco horas de llanto al día; después de una semana tan dura, la siguiente suele ser más llevadera hagas lo que hagas, así que esa mitad no se le puede atribuir al sonido. Y el sonido solo estaba encendido mientras el bebé lloraba, no toda la noche. Cómo evoluciona el llanto de la tarde, semana a semana.

Qué volumen: de dónde sale «por debajo de 50 decibelios»

Las guías para padres suelen dar una cifra de entre 45 y 65 decibelios. La más citada, 50, tiene un origen concreto, que también dice lo que esa cifra no es.

Viene de los criterios para las salas de recién nacidos de los hospitales, publicados en 1999: que el sonido alrededor de la cuna no pase de 50 dBA de media en una hora, con límites aparte para los picos. El objetivo declarado era proteger el sueño y las constantes vitales de los bebés ingresados, entre ellos prematuros. Las normas más recientes para cuidados intensivos bajaron el objetivo a 45.

Tres consecuencias:

  • No es un umbral para el oído. Los umbrales a partir de los cuales se habla de daño auditivo están 25–35 decibelios más arriba: 85 dBA durante ocho horas es el límite de seguridad laboral para adultos, que no está pensado para niños, y una propuesta para niños se queda en 75 dBA de media en 24 horas. El 50 es un objetivo para el sueño, no el borde de un precipicio.
  • Es una media de todos los sonidos de la habitación. Un aparato que suena de forma constante a 50 dBA agota por sí solo todo el límite pensado para una sala de hospital.
  • No se ha probado en casa. Nadie ha comprobado que 50 sea seguro ni que 55 no lo sea. Es un objetivo prudente, prestado, y así hay que usarlo.

Como referencia: un susurro tiene unos 30 dBA, una casa tranquila 40, el tráfico ligero 50, una conversación normal 60–70. Cada 10 decibelios de más, el sonido se oye más o menos el doble de fuerte. Así que 50 dBA es más bajo que una conversación normal, no «como una conversación tranquila», como se lee en muchos sitios.

Cuánto suenan los aparatos y las aplicaciones: las mediciones

Dos equipos han medido cuánto sonido emiten estos dispositivos. El primero, en 2014, tomó 14 aparatos de sueño para bebés y los puso al máximo. Las medias, corregidas para el oído de un bebé de seis meses: 79,1 dBA a 30 cm, 70,5 a un metro, 63,3 a dos metros. Los 14 pasaban de 50 a un metro, y 13 de 14 pasaban de 50 también a dos metros. Tres pasaban de 85 a 30 cm, el nivel al que, al cabo de ocho horas, se supera el límite de seguridad laboral para adultos.

El segundo, en 2021, midió 8 aparatos y 6 aplicaciones de móvil, a volumen mínimo y máximo, a tres distancias, sin esa corrección para el oído, así que las cifras no se pueden comparar directamente con las de arriba. Esta es la parte que te interesa si usas el móvil. Las medias, en dBA:

Distancia al altavozAplicación en el móvil, volumen mínimoAplicación en el móvil, volumen máximoAparato de ruido blanco, volumen mínimoAparato de ruido blanco, volumen máximo
10 cm44,083,351,381,8
30 cm37,275,143,173,7
100 cm32,067,435,865,5

Lee la tabla por columnas. Si alejas el móvil de 30 cm a un metro, el nivel baja 5–8 decibelios. Si bajas el volumen del máximo al mínimo, a un metro, baja 30–35. El botón del volumen mueve varias veces más decibelios que la distancia. A volumen máximo y a 10 cm, es decir, con el móvil dentro de la cuna, 9 de los 14 dispositivos pasaron de 85 dBA. A volumen mínimo y a un metro, las aplicaciones se quedaron entre 28 y 41 dBA, pero el aparato más fuerte llegaba aun así a 53.

Lo de «a dos metros» aparece a menudo como regla. Los autores del estudio de 2014 sugieren que a más de dos metros puede ser más seguro, pero dicen con la misma claridad que no encontraron ninguna distancia segura: a volumen máximo, 13 de 14 aparatos pasaban de 50 también allí. La distancia ayuda. El volumen decide.

Cuánto tiempo

La recomendación de los autores de 2014 tiene tres partes: el aparato lo más lejos posible del bebé, nunca dentro de la cuna ni sobre la barandilla; el volumen lo más bajo posible; y una duración limitada, con un temporizador o apagándolo cuando se duerma. La Academia Americana de Pediatría les dice lo mismo a los padres: lo más lejos posible de la cabeza del niño y solo durante poco tiempo.

La duración importa porque los únicos experimentos con exposición prolongada se han hecho con animales. Crías de rata mantenidas en ruido blanco continuo de 65–70 dB, más o menos lo que emite un aparato al máximo a un metro, las 24 horas del día, desde el día 7 hasta el día 50 de vida, tuvieron una maduración retrasada de la corteza auditiva: la parte del cerebro que aprende a distinguir los sonidos. El retraso desapareció tras dos meses en un entorno normal. La audición propiamente dicha la midieron pocos: en las ratas adultas se mantuvo normal, pero un estudio con crías, a 70 dB, encontró umbrales auditivos más altos. En otro experimento, con ratas adultas y un ruido rítmico, diez horas al día tuvieron casi el mismo efecto que 24, y el efecto duró al menos seis semanas después de retirarlo.

De esto no se puede concluir que el ruido blanco estropee la audición o el habla de un bebé: las ratas estuvieron en el ruido día y noche, semanas seguidas, y es una especie que oye de otra manera. Pero tampoco se puede concluir lo contrario. En bebés no hay ningún estudio que haya seguido la audición o el habla después de meses de ruido blanco por la noche. Los dos estudios con niños que encontramos no vieron diferencias, pero uno era una encuesta sobre las preocupaciones de los padres, y el otro evaluó a los dos grupos con sonidos distintos. No son pruebas de seguridad. Son solo la ausencia de una prueba de daño.

Si lo has usado durante meses fuerte o cerca de la cuna, eso no significa que le haya hecho daño: en bebés no hay ninguna prueba de ello. Desde esta noche, aléjalo y bájalo, y en la próxima revisión cuéntale al médico cómo lo has usado. Las señales por las que se pide una prueba de audición son las mismas en cualquier bebé, con ruido blanco o sin él: no se sobresalta con los ruidos fuertes; después de los seis meses no se gira hacia un sonido; al cumplir el año no dice ninguna palabra sencilla, como «mamá» o «papá»; se gira cuando te ve, pero no cuando solo lo llamas; parece oír algunos sonidos y otros no. Si ves alguna, no esperes: pide una prueba de audición, aunque el bebé pasara una al nacer. Es corta, no duele y se puede hacer incluso mientras duerme.

Quedan dos maneras de usarlo, y merece la pena elegir una con los ojos abiertos.

1. Solo para dormirlo. Lo enciendes, se duerme, lo apagas, o pones un temporizador. Es lo que recomiendan los autores de las mediciones y los pediatras estadounidenses, y es, en realidad, lo que se probó en 1990: un sonido de unos minutos.

2. Toda la noche. No es lo que recomiendan los pediatras estadounidenses, pero tiene dos argumentos. Uno es tapar ruidos que no controlas: los vecinos, el tranvía, los pájaros que lo despiertan a las cinco de la mañana. El otro es que el bebé encuentre, en los despertares entre ciclos, las mismas condiciones en las que se durmió. Los dos son lógicos y ninguno se ha probado en un estudio controlado con bebés. En adultos, en el laboratorio, los resultados se contradicen: en una prueba pequeña, con cuatro personas, el ruido blanco añadido al ruido grabado en una UCI evitó los microdespertares provocados por el ruido; en una reciente, con 25 adultos, el ruido rosa añadido a ruidos intermitentes redujo el sueño REM. Si eliges esta opción, la regla principal es el volumen más bajo que cumpla su función, medido por debajo de 50 decibelios a la altura de su cabeza.

¿Blanco, rosa, marrón, lluvia o latidos?

La diferencia entre los colores está en el espectro. El ruido blanco tiene la misma energía en todas las frecuencias y suena como el siseo de una radio entre emisoras. El rosa pone más energía en las frecuencias bajas, y el marrón todavía más, así que suenan cada vez más graves.

En bebés, nadie ha comparado los colores entre sí. No hay ningún estudio sobre el ruido marrón en lactantes, así que tampoco hay una edad «adecuada» para él. No hay ninguno con lluvia, océano o bosque en bebés sanos. Y la comparación antigua entre tipos de sonido, la de los latidos, el metrónomo y las nanas, no encontró que los latidos fueran mejores que los demás.

Así que elige según dos criterios que sí importan:

  • Constante, sin picos. Los criterios de los hospitales limitan por separado la media y los picos, y la guía de la Organización Mundial de la Salud para dormitorios limita aparte los ruidos puntuales. Un siseo o una lluvia fina no tienen picos. Una tormenta con truenos, los pájaros o un gong, sí. Es una deducción a partir de los criterios de ruido, no un resultado probado en bebés, pero no cuesta nada.
  • Uno que tú soportes. Si lo dejas toda la noche, tú también lo oyes toda la noche.

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Lo que circula y no se sostiene

Algunas afirmaciones aparecen en casi todas las páginas sobre el ruido blanco. Las hemos comprobado en la fuente:

  • «El recién nacido se ha pasado nueve meses oyendo un ruido de 80 dB». El feto empieza a oír hacia las 19 semanas, y al principio solo sonidos graves. En el útero, el nivel llega a 60–85 dB solo por debajo de 100 Hz; por encima de 500 Hz ronda los 40 dB. Las mediciones se hicieron con un micrófono subacuático, en 10 mujeres en trabajo de parto, y los autores llamaron al útero «relativamente silencioso».
  • «El silencio total le estresa». No hemos encontrado ningún estudio que lo demuestre en un bebé sano nacido a término.
  • «El latido del corazón de la madre es lo que mejor lo calma». En el útero, los latidos del corazón de la madre solo se oyeron en 2 de las 10 mujeres medidas, y en los estudios antiguos los latidos no calmaron mejor que otros sonidos continuos o rítmicos.
  • «Las olas se sincronizan con la respiración del bebé». Una ola de 8 segundos son 7,5 ciclos por minuto. Un recién nacido dormido respira 30–60 veces por minuto, es decir, una vez cada 1–2 segundos. No hay ningún estudio sobre algo así.
  • «El ruido marrón es para bebés de 3–12 meses». No hay ningún estudio sobre el ruido marrón en bebés.
  • «Los estudios confirman que es seguro usarlo de forma prolongada». No hay ningún estudio que haya seguido la audición o el habla de los bebés después de meses de ruido blanco.
  • «Los pediatras americanos recomiendan ruido blanco toda la noche». Su recomendación para los padres es: lo más lejos posible de la cabeza del niño y solo durante poco tiempo.

En resumen, qué hacer

  • Fuera de la cuna, nunca sobre la barandilla. Lo más lejos que te permita la habitación, y el cable del cargador también: a un metro de la cuna como mínimo, donde no pueda agarrarlo. Los pediatras estadounidenses incluyen los cordones que cuelgan y los cables eléctricos entre los riesgos de estrangulamiento alrededor de la cuna.
  • Empieza por el volumen mínimo y súbelo solo lo justo para tapar lo que tengas que tapar. Nunca al máximo y nunca con la amplificación por encima del 100% que tienen algunas aplicaciones.
  • Mídelo una vez, antes de acostarlo. Pon el sonido en el móvil que lo va a reproducir, ya colocado en su sitio, y deja un segundo móvil, con una aplicación de sonómetro, sobre el colchón, donde va a estar la cabeza del bebé. Objetivo: por debajo de 50 dB; después, saca ese segundo móvil de la cuna. La cifra es solo orientativa: en el iPhone que se probó, por debajo de 50 dB las aplicaciones marcaban más de lo que había, pero los autores advierten que el resultado no se puede generalizar a otros teléfonos. Si te marca cerca de 50, bájalo un poco más. Vuelve a medir cuando cambies el sonido, el volumen o el sitio del móvil.
  • Para dormirlo, apágalo cuando ya se haya dormido, o pon un temporizador.
  • Si lo dejas toda la noche, elige un sonido constante y el volumen más bajo que tape el ruido que quieres evitar.
  • Nunca auriculares ni un altavoz pegado a su oreja. El sonido que entra directamente en su conducto auditivo, tan pequeño, le llega más fuerte que a un adulto.
  • Comprueba una vez que sigues oyendo a tu bebé. Si duermes en otra habitación, asegúrate de que el vigilabebés capta el llanto por encima del ruido. Nadie lo ha estudiado, pero la prueba dura un minuto.
  • No ayuda a un bebé con hambre o demasiado cansado. En el estudio de 1990 solo funcionó con los que no tenían hambre. Y si le cuesta dormirse todas las noches, la causa hay que buscarla en otra parte.

Cómo te ayuda Lulla

Lulla tiene 50 sonidos, entre ellos «Ruido blanco» y «Ruido marrón», «shh», latidos del corazón, lluvia, océano, viento, sonidos de casa y algunos instrumentos. Los diez primeros son gratuitos, entre ellos la lluvia, que suena constante, y el océano, que sube y baja con las olas; el ruido blanco, el marrón, el «shh» y los latidos forman parte de Premium. El sonido se repite en bucle hasta que lo apagas, y la aplicación no tiene temporizador, así que la parte de la duración de esta guía la aplicas tú: cuando se haya dormido, lo apagas. También se detiene si cierras Lulla desde la lista de aplicaciones recientes o si pones otra música o un vídeo en el mismo móvil. El control de volumen llega hasta el 300%: por encima del 100%, la aplicación amplifica el sonido de forma digital, y al 300% lo sube hasta unos 9,5 dB por encima del nivel original. Es la amplificación de la que se habla más arriba, y para el sueño de un bebé no la necesitas: deja el control en el 100% o por debajo. El control ni siquiera empieza en el mínimo: la primera vez está en el 70%, así que revísalo antes de acostarlo. El volumen final depende también de los botones de volumen del móvil, así que mide con los dos ajustados como los vas a dejar por la noche.

Donde de verdad te ayuda es en la pregunta que ningún estudio puede resolver para tu bebé: ¿a él le funciona? Pon en marcha el cronómetro en cada sueño, y en la ficha que aparece al pararlo marca «Ruido blanco» en «Condiciones del sueño» y anota los despertares. Hazlo una semana con sonido y otra sin él, y revisa la marca cada vez, porque la aplicación rellena de antemano las condiciones con las de los sueños anteriores. Después compara en el Historial cuánto duró cada sueño y cuántos despertares anotaste. Con Premium, las Estadísticas ponen una al lado de otra la media de horas de sueño al día de los últimos 7 días y la de los 7 anteriores; los despertares y la marca del sonido no aparecen ahí, esos los comparas tú. No es un estudio, y el bebé va creciendo mientras tanto, pero es sobre él. Cuarenta recién nacidos de 1990 no te pueden decir eso.

Para tenerlo presente: este artículo es informativo y no es un consejo médico, y las cifras citadas vienen de los estudios de la lista de fuentes, cada uno con sus limitaciones. Ante cualquier preocupación por la audición, el sueño o el desarrollo de tu bebé, el pediatra sigue siendo la primera dirección: es quien tiene el historial completo.

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Fuentes y referencias

Este artículo se basa en directrices oficiales y estudios revisados por pares. Verifica las fuentes directamente: